El Ártico podría sumarse a la emisión de CO2

Inauguramos la primera entrada del blog con una noticia cuanto menos curiosa. Pronto comenzaremos con la cobertura de la Conferencia, pero hasta entonces, no hacemos daño a nadie buscando la información en otros lares.

Pérdida progresiva

Como éramos pocos, y las cosas siempre pueden ir peor, nuestros amigos los polos quieren sumarse a la emisión de CO2. Como promedio, el Ártico ha representado entre el 10 y el 15% del sumidero global de este gas (fino eh?), hasta tal punto que ha llegado a convertirse en uno de los puntos más importantes desde la última Edad de Hielo. Sin embargo, la velocidad del cambio climático en el Ártico es prácticamente dos veces mayor que en latitudes más bajas, lo cual podría llevar a convertirlo en toda una señora fuente emisora de dióxido de carbono.

Por norma general, el carbono procedente de la atmósfera se acumula en los océanos y masas de tierra del Ártico, sobretodo en grandes cantidades en el permafrost, esa capa helada del suelo propia de las tundras. Sin embargo, y aquí es donde viene lo bueno, en el permafrost el carbono no se descompone. Gracias a ello, queda atrapado en la tierra helada. Las condiciones frías de la superficie también retardan la velocidad de descomposición de la materia orgánica, permitiendo que la absorción de carbono en el Ártico exceda lo que éste produce.

Cómo no, el aumento generaliado de temperaturas podrían terminar rompiendo este equilibrio. Unas temperaturas más cálidas derivarían en una aceleración la tasa de descomposición de la materia orgánica de la superficie, liberando más CO2 a la atmósfera. Si a esto le sumamos el deshielo del permafrost, entonces añadimos un nuevo problema: la exposición a la erosión y descomposición de los suelos anterioremente helados. No sólo eso: el permafrost en deshielo podría dejar también los terrenos más encharcados, una situación que podría promover la actividad de organismos productores de metano (ahí, mejorando lo presente…)

La mejor parte llega ahora: el Ártico es una fuente ingente de metano emitido a la atmósfera. La cantidad liberada cada año alcanza alrededor de 50 millones de toneladas. Por supuesto, comparando esto con los 400 millones de toneladas de dióxido de carbono que  captura anualmente no parece gran cosa. Sin embargo estamos olvidando un dato importante: el metano es un gas de efecto invernadero 23 veces más potente que el dióxido de carbono. Si se acelera la descarga de metano ártico a la atmósfera, se acabó la fiesta. Sólo queda esperar que no estemos ahí para verlo, y en caso de estar… que nos pille lejos.

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Un pensamiento en “El Ártico podría sumarse a la emisión de CO2

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