Inicio de la Cumbre: acuerdo sólido y ambicioso

No podía ser de otro modo. La Cumbre de la ONU ha empezado con un claro mensaje:  lograr un acuerdo global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. La llamada en la mayor reunión jamás celebrada sobre el cambio climático, con unos 15.000 participantes, ha sido para consensuar un “acuerdo sólido y ambicioso”. Lo malo de esto es que la labia no suele traducirse en actos. Ojalá.

Siguiendo esta línea, afirman que sólo se podrá hablar de éxito si se acuerdan “acciones significativas e inmediatas que entren en vigor al día siguiente de la clausura” de esta cumbre.Cooperan en la implementación de acciones inmediatas de mitigación, adaptación, financiación y tecnología será esencial; luego asegurar la financiación a largo plazo y por último, tener una visión compartida sobre un futuro bajo en emisiones de CO2 para todos.

La presidenta de la conferencia, Connie Hedegaard, que es una mujer bastante cuerda, manifestó que “se acabó el tiempo de reiterar posiciones y de declaraciones. Hace falta “acción real” y aseguró que es “el momento de actuar”, pese a que “hay muchos obstáculos”. Ahí es nada. Por lo menos esto está claro desde el principio, parece.

Por otro lado, tanto los movimientos pseudoecologistas como muchos delegados de los 192 países participantes dan pocas posibilidades de alcanzar el ambicioso compromiso global de recortar hasta el 40% de los gases de efecto invernadero hasta 2020, frente a los valores de 1990. Como respuesta el primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, recordó ante la sesión  que el mundo confía en las delegaciones y todos los reunidos para forjar un acuerdo y que “los líderes no han venido a Copenhague sólo para hablar, sino para actuar”. De momento, entre este señor y Hedegaard las cosas pueden ir bien encaminadas.

De momento el objetivo de la cumbre –limitar el alza de temperaturas a +2°C- ya parece muy poco realista, teniendo en cuenta los compromisos de los principales actores de la negociación. El precio a pagar para lograr si quiera un +3,5ºC sería un derrumbe de las produccciones de cereales, masivas extinciones de especies, elevación de los océanos, y la migración forzada de centenares de millones de personas, expulsadas de sus hogares por las inundaciones, las sequías o la escasez. Siempre podemos construir arcas.

Como primera intervención y apertura no está nada mal. Esperemos que la cordura de Connie Hedegaard sea una constante a lo largo de las casi dos semanas de reuniones. De momento, estamos igual.

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