Científicos y ONGs, en estado de shock

Números, cantidades, porcentajes. Un científico con todos esos datos no puede resistirse a hacer lo que mejor se le da: previsiones. El Tratado de Copenhague ha dado a conocer todo lo que necesitaban. Os aseguro que contentos, lo que uno suele decir contentos, no están.

Es increíble que después de más de dos años de negociaciones lo único que tengamos sea un texto a medio terminar y sin sentido alguno. Salvando los cambios en la legislación de los EEUU, las medidas política auténticas brillan por su ausencia”, así de tajante hablaba Cartensen, líder de la WWF.

Sus estimaciones no dejan lugar a duda. El Tratado de Copenhague se traduce en un aumento de la temperatura de 3ºC o más, es decir, “millones de vidas, miles de millones de dólares y un filón de oportunidades perdidas, todo por no entender la diferencia entre lo que se dice que va a hacer y lo que realmente termina haciéndose. El Tratado no cumple ni mucho menos con las expectativas que el mundo entero tenía depositadas en él, ni siquiera se atreve a situar el dichoso aumento de temperaturas en menos de 2ºC”. Recordemos que el límite de dos grados había sido fijado por el IPCC como medida para lograr que la concentración de CO2 atmosférico no superase las 450 ppm.

Aumentar esas 450 partes por millón va a cambiarlo todo. No es sólo esto o aquello. Ocurrirán cambios en el agua, la alimentación, los ecosistemas, la salud; siempre teniendo en cuenta que todo está en continua interacción con lo demás”, apuntaba Cynthia Rosenzweig, de la NASA.

Muchos se han lanzado ya a acusar a China como el gran mal de esta cumbre. Sin embargo, el Tratado de Copenhague establece que todos los países que se comprometan a firmarlo deberán declarar sus objetivos de reducción de emisiones. Esto será posteriormente debatido a nivel internacional. La gran pega es que actualmente no hay ningún tipo de acuerdo legal que impida que un país estime su reducción en menor proporción que la permitida. Greg Marland, del Oak Ridge De EEUU, piensa que “estas reducciones de CO2 voluntarias van a quedarse muy muy lejos de lo que realmente se necesita para un cambio climático. No me imagino a la gente dispuesta a ofrecer sin tener algo que ganar (como si salvar el planeta no fuera suficiente)*Nota mental: hacerse del club de fans de Greg Marland.

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